No soy terapeuta, soy periodista…
A lo largo de mi carrera como periodista y por alguna extraña razón, me ha tocado ver a ciertos personajes de la farándula tratándome como la terapeuta de sus demonios personales. ¿Soy yo o son ellos los responsables de tal confusión? He llegado a pensar que mi proceder al mostrar prudencia cuando detecto que están a punto de soltar fuertes declaraciones en estado de mucha vulnerabilidad conmigo funciona como su escudo protector.
Admito que mi reacción siempre ha sido la misma ante una información incendiaria: me doy a la tarea de valorar la situación considerando el panorama y la repercusión al hacerla pública. Tener conocimiento de algo, contar con la persona que lo “avale” en un estado emocional deplorable y orillarla literalmente a confesar todo en un momento así, no es para colgarse una medalla y ser aplaudido. Ya lo estamos viendo con Mayela Laguna, ex de Luis Enrique Guzmán, madre de Apolo y de la pequeña mencionada en el mentado video que involucra al señor Enrique Guzmán. La entrevista concedida en Imagen TV tratando de ser coherente vino para tupirla de críticas mordaces y muy desafortunadas. Mi conocimiento sobre todo esto era previo a su aparición donde la noté visiblemente impactada por el miedo al verse obligada a confirmar finalmente que su hija había sido víctima del conocido cantante.
Tema delicado y muy complejo dado que Mayela había perdido la posibilidad de tenerla consigo a raíz de ese acontecimiento ocurrido con el señor Enrique Guzmán. Pasaje que me contó, asegurándome que llevaba dos años sin tener contacto por decisión del padre de la menor, negada a verse inmiscuida en una denuncia de ese calibre. Sin buscar justificarla, veía que era muy difícil que Mayela tuviera la fuerza de ir contra todo y todos los involucrados en este asunto para hacer lo correcto. La percibí muy confundida y tremendamente desesperada, sin atinar para dónde correr primero: denunciar lo de su hija en un juzgado sin tener su aprobación o atender lo que estaba requiriendo de toda su atención con lo del juicio de Apolo.
Como periodista y pensando en cómo exponer un caso tan complicado (más allá de una entrevista con la persona en cuestión y aún basándome en sus propias declaraciones), nunca me veré exigiendo, manipulando ni hostigando a alguien para que suelte la sopa, y menos cuando sé y me consta que anda como chiva loca. Tampoco veo correcto permitirme, como medio, repetir una situación semejante al caso de Héctor Parra: servir como fiscalía publicando los señalamientos de Alexa en contra de su padre a través de una revista de espectáculos. ¿Dónde está el aprendizaje de todos en optar por acudir a un juzgado y dar fe de hechos con pruebas en mano, cumpliendo con lo que indican nuestras leyes? Pésimo manejo de ambas partes.
Como mínimo, yo hubiera esperado ver con mis propios ojos la denuncia hecha formalmente por Mayela, su hija y el padre de la menor para abordar el tema públicamente. Pero ocurre que a menudo terminan por juntarse el hambre y las ganas de comer: el hambre de ser escuchada mañana, tarde y noche, sin dar importancia a proyectar la imagen de presa herida y desorientada; el hambre de lucimiento como expertos de las exclusivas a costa de lo que sea. Así fue como Mayela decidió denunciar vía medio la conducta deleznable de Enrique Guzmán en la fiesta infantil de su hijo.
Soy pésima como terapeuta; no se me da eso de la terapia, fue lo que pensé al escucharla hablar con los ojos desorbitados. ¿Mi primera impresión? Sentí una pena infinita, y también tuve la oportunidad de reafirmarme como periodista, cautelosa en el cuándo y el cómo, porque sí soy de la idea de que las cosas tienen su tiempo y su lugar. Aquella escena televisiva solo vino a comprobar que siempre hay un roto para un descosido, protagonizando el más brutal de los despropósitos.
Lo que compete al tiempo, forma y fondo conlleva tener una formación. En el programa "De historia en historia" hemos evitado caer en esos excesos, optando por perseguir otros objetivos: presentar, cuando se puede, a gente destacada como Anabel Hernández (autora de libros polémicos pero basados en una investigación incuestionable), ofrecer temáticas interesantes sobre celebridades, así como opinar sobre notas de otros colegas con la finalidad de divertir a nuestro público con los agarrones entre artistas, divorcios, infidelidades, reacciones inesperadas e incluso cómicas de los enfrentamientos entre reporteros y famosos.
Siendo honesta, cuando digo famosos, me refiero a quienes desde su inicio buscaron serlo, gozan de los reflectores y los micrófonos, y hasta se han hecho expertos en usarnos para dar a conocer lo que les interesa que se sepa. El “famoso” surgido bajo ciertas circunstancias, nunca estará preparado para responder a todo tipo de cuestionamientos, siempre se verá perdido e inseguro para defenderse de tanto embate. De ahí el infierno que debe estar viviendo la denunciante en cuestión (envuelta en una encrucijada, fuera de sí por razones obvias). Lo sé de cierto, porque antes de la bomba y la confirmación, había sostenido conversaciones, creyendo que haría lo correcto, en el momento idóneo y en el lugar correspondiente. Y no por Mayela, por sus hijos, que necesitan una madre fuerte, decidida, coherente y consciente.
Supe que ya tiene luz verde por parte de su ex y su hija menor para actuar en consecuencia (cosa que celebro, finalmente podrá poner un hasta aquí a gente con poder que no merece quedar en la impunidad). Desde mi lugar veré con interés lo que vaya ocurriendo a este respecto para seguir externando mi parecer sobre el culebrón y algunos curiosos personajes de la trama: Malévola (Chapoy) representando "la señal con valor", dando muestras de su parcialidad al plantear los hechos como le conviene y como puede beneficiar a sus "célebres" amistades, compitiendo en "genialidad" para ganar público con la Pandilla Glotona de Imagen TV encabezada por el chiquillo de las exclusivas, listos para mostrar su "infinita humanidad", lanzando a su presa a los leones después de haberla trasquilado.
¿Cuándo hablamos de empatía hacia la gente vulnerable, sabemos de su significado? ¿Nos importa en realidad conocer a fondo qué está pasando con una mujer que ahora se encuentra bajo una fuerte tormenta de señalamientos? ¿Hay alguien por ahí que la arrope sin un interés mezquino?
En fin... corro, vuelo y me acelero para preparar mi siguiente escrito titulado: "Los demonios de un galán de televisión".
Espero verte, leerte, en el espacio que tú elijas, eres única, brillaras dónde te presentes.
ResponderBorrarClau se te extraña mucho, un abrazo deseo que estés muy bien abrazo
ResponderBorrarClaudia te admiro mucho, me gustaría tener una conversación contigo, te me haces una mujer Muy interesante y con mucho tema de conversación
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